El atletismo andaluz vuelve a mirar hacia el futuro con esperanza, y ese futuro tiene nombre propio: Ismael Ruiz, un joven vallista cuya ambición trasciende las pistas. Su objetivo no es menor: clasificarse algún día para unos Juegos Olímpicos, el mismo sueño que su padre acarició en su juventud y que, por circunstancias de la vida, nunca llegó a materializar.
En la familia Ruiz, el atletismo no es solo un deporte: es una forma de entender la vida. Desde pequeño, Ismael creció escuchando historias de competiciones, viajes, marcas y entrenamientos. Su padre, referente y guía, estuvo a un paso de lograr la mínima olímpica, un recuerdo que marcó al joven atleta.
“Quiero unos Juegos Olímpicos y cumplir el mismo sueño que rozó mi padre”, repite Ismael con una mezcla de orgullo y responsabilidad. No lo dice como una frase hecha, sino como un compromiso personal. Cada sesión de entrenamiento, cada serie de vallas, cada salida explosiva es un ladrillo más en la construcción de ese objetivo.
Las vallas son una prueba que no perdona errores. Exigen potencia, coordinación y una concentración absoluta. Ismael lo sabe y por eso dedica horas a perfeccionar cada detalle: la frecuencia de pasos, la caída, la transición entre valla y valla, la velocidad final.
Su entrenador destaca su capacidad para asimilar correcciones con rapidez y su madurez competitiva pese a su juventud. “Tiene algo que no se entrena: carácter”, afirma.
Este fin de semana, Ismael afrontará una prueba decisiva. No es un campeonato oficial, pero sí un test que permitirá medir su estado real antes del Campeonato de España, donde aspira a colarse entre los mejores del país.
El joven atleta llega en un momento de forma ascendente. Sus últimas marcas lo sitúan en una posición prometedora, aunque él prefiere mantener los pies en el suelo. “Cada carrera es una oportunidad para aprender. No pienso en los rivales, pienso en mejorar mis tiempos”, asegura.
Llevar el apellido Ruiz en el atletismo local implica una historia detrás. Pero lejos de convertirse en una carga, Ismael lo vive como un impulso. Su padre, siempre presente en las gradas, es su mayor apoyo y su mayor inspiración.
“Lo que más me emociona es pensar que, si algún día llego a unos Juegos, él estará allí”, confiesa el atleta.
Ismael Ruiz representa a una nueva generación de deportistas que combinan ambición, humildad y disciplina. Su historia no es solo la de un joven que quiere llegar lejos, sino la de un hijo que quiere completar el camino que su padre inició.
El atletismo español necesita referentes, y aunque aún queda mucho por recorrer, Ismael ya ha demostrado que tiene algo que no se entrena: determinación.








