El Linares Deportivo volvió a tropezar en Linarejos y ya no es noticia: empieza a ser una preocupante costumbre. La derrota por 2-3 ante el CD Estepona no solo agrava la crisis deportiva de los azulillos, sino que deja al descubierto una fractura cada vez más evidente entre equipo y afición.
El partido arrancó con brío. Apenas se habían asentado los equipos cuando Menudo probó fortuna desde la frontal, obligando a intervenir a Alfonso. Era el preludio de un inicio esperanzador. En el minuto 8, el capitán Hugo Díaz adelantaba a los locales tras una gran acción por banda de David Velázquez, uno de los más activos durante toda la tarde. Linarejos respondía, el equipo empujaba y el 2-0 parecía más cerca que el empate.
Pero el fútbol castiga la falta de contundencia. En el 17’, el Estepona igualó el marcador y sembró las primeras dudas en un Linares que, aun así, encontró fuerzas para reaccionar justo antes del descanso. De nuevo Velázquez, incisivo, culminaba una gran jugada colectiva para poner el 2-1 y devolver la ilusión a la grada.
Tras el paso por vestuarios, todo cambió. El Estepona salió con mayor determinación y aprovechó las grietas defensivas locales para empatar en el minuto 51. El Linares tuvo su momento —especialmente en una contra liderada por Velázquez que Manny no logró concretar—, pero le faltó precisión y, sobre todo, confianza.
El golpe definitivo llegó en el minuto 75. El conjunto visitante firmó el 2-3 y silenció Linarejos. A partir de ahí, el equipo azulillo se mostró incapaz de reaccionar, sin ideas ni energía para cambiar el rumbo de un partido que terminó consumiéndose entre la impotencia local.
Sin embargo, lo más preocupante llegó tras el pitido final. La tensión acumulada estalló en la grada, con reproches directos hacia los jugadores por su actitud y rendimiento. La situación fue a más cuando futbolistas como Caramelo y Manny respondieron a los aficionados, derivando en enfrentamientos verbales impropios de un club que siempre ha presumido de unión. Incluso el director deportivo, Cristian Sanz, se vio envuelto en un episodio que refleja el nivel de crispación actual.
Lo ocurrido en Linarejos marca un punto de inflexión. La comunión entre equipo y afición, uno de los pilares históricos del Linares Deportivo, parece resquebrajarse. Y cuando eso sucede, el problema trasciende lo deportivo.
En las últimas horas, además, ha comenzado a circular un rumor inquietante: varios aficionados aseguran que un jugador habría reconocido que la plantilla lleva dos meses sin cobrar. De confirmarse, este hecho abriría un escenario aún más delicado, con interrogantes sobre la gestión económica del club y el destino del patrocinio municipal.
Conviene, no obstante, ser prudentes. Hasta el momento no existe confirmación oficial sobre estos impagos. Pero la mera aparición de estas informaciones, amplificadas en redes sociales, no hace sino aumentar la sensación de descontrol.
El Linares Deportivo no solo pierde partidos. Está perdiendo estabilidad, credibilidad y, quizá lo más grave, la conexión con su gente. Y sin eso, cualquier reconstrucción será mucho más compleja.








