La final fue un auténtico espectáculo. Ismael, que venía de una eliminatoria sólida y una semifinal marcada por un amago de salida que le generó inseguridad, se plantó en la última ronda con la determinación de quien sabe que los grandes momentos no se esperan: se conquistan.
Y lo hizo. Corrió con valentía, con técnica, con alma. Cada valla fue un pulso entre el miedo y la ambición, entre la presión y el sueño. Y ganó el sueño.
El crono se detuvo en 7.99, un tiempo que no solo mejora su 8.03 previo, sino que lo deja a solo 10 centésimas del bronce, logrado por Qixiang Liu (7.89). Una diferencia mínima que demuestra lo cerca que estuvo de tocar metal en un campeonato donde cada milésima es oro.
Quienes lo vieron correr coinciden: Ismael dejó el corazón en la pista. Su entrega fue total, su actitud impecable, su ambición legítima. Al terminar, la felicidad por el trabajo bien hecho se mezclaba con ese “saborcillo amargo” que solo sienten los que aspiran a más, los que saben que el límite está aún lejos.
Sus propias palabras lo reflejan con honestidad:
“Estoy bastante contento. En la eliminatoria tuve buenas sensaciones entre vallas, aunque mala salida. En semifinales hice un amago por culpa del juez y salí con miedo, por eso no hice mejor marca. Pero en la final… bien, la verdad. Bajar de 8 segundos, objetivo cumplido. Me quedo contento, aunque estábamos para más.”
Ese “estábamos para más” no es frustración: es hambre. Es futuro.
Ismael llegó a Antequera situado entre los 10 mejores vallistas sub-18 del país, pero su 7.99 lo catapulta aún más arriba. Cuando el ranking nacional se actualice, todo apunta a que aparecerá entre los cinco mejores de España, un salto enorme que confirma su progresión y su potencial.
En cada carrera, en cada salida, en cada valla, Ismael lleva dos lugares tatuados en el alma:
- Linares, la ciudad que lo vio nacer.
- Mallorca, la tierra que lo impulsa en su crecimiento deportivo.
Representó a ambas con orgullo, con respeto y con una madurez que emociona. Y lo hizo como él mismo siente: como un linarense más, consciente de que su ciudad lo sigue, lo apoya y se reconoce en su esfuerzo.
Linares tiene motivos para sentirse orgulloso: este chico es talento, es trabajo, es humildad… y es futuro.
Noticia Patrocinada por :








